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La casa de las chapuzas

Cursillos

Cursillos                                                                                                                                 
 
En el momento de escribir éstas líneas, estoy asistiendo a unos cursos de dependiente de comercio. Solo llevo tres días, pero me da la impresión, de que va a ser movidito. No sé en qué sentido afectará a mi blog. Es probable que me sienta más inspirado, pero puede ocurrir, que por el contrario, no tenga tiempo o ganas de escribir. No es en absoluto el primer curso que hago.

Mis primeros cursos, fueron en 1.988, de calderería. En aquellos tiempos, pagaban a los menores de 25 años, unas 35.000 ptas por curso, y a los mayores, el 75% del salario mínimo. Como quiera que fueron antes de junio, (en junio de ese mismo año, cumplía los 25), solo cobré las 35.000 y pico. Aprender, por desgracia, aprendí poco. Y es que calderería es a base de dibujo lineal, y yo para eso soy muy nervioso. Dibujábamos las piezas, y las recortábamos en cartón. Pese a todo, cogí soltura, y me animé a hacerme por carnavales un disfraz de romano. Algo es algo.
 
Los siguientes cursos, fueron de auxiliar de salud pública/ambulatorio. Ya era mayor de 25. En mi clase, éramos 3 hombres, y 12 mujeres. Muchas, eran estudiantes o auxiliares de enfermería. Curiosamente, no entré a la primera. Yo era el primero en la lista de sustitutos, pero tenía el fuerte presagio, de que me iban a llamar. Así fue. Una de las alumnas, al tercer día, no pudo resistirlo más. Aborrecía la anatomía, y según me contaron, se puso muy mala cuando el profesor hizo un dibujo en la pizarra. Lo siento por ella, pero mejor para mí. Recuerdo que en las prácticas, nos llevamos una sorpresa. Nos invitó uno de los auxiliares del centro, a presenciar una operación. Y es que el paciente había sufrido una operación en un tobillo, por accidente de moto, y algunos puntos se le habían soltado. Yo que de eso no entendía, me quedé de piedra, horrorizado, pero sin atreverme a irme. Me daba la impresión de que me habían puesto un puñal en el pecho, y otro en la espalda. El auxiliar, debió preguntar con antelación, si estábamos preparados para ver eso. En fin, peor lo pasó otra chavala, que ese día no tenía prácticas. Si no lo hubiera cambiado, no la habría presenciado.
 
Si bien, hubo un gran compañerismo, no puede decirse que el profe, se tomara la asignatura en serio. El nos daba apuntes viejos, y poco actualizados. A nosotros, no nos importó. Sin embargo, al comentarle éste curso, a la novia de mi primo, ella me dijo, que lo había dado después de mí, y con ese mismo profesor, pero que su clase, lo obligó a actualizar los apuntes, y a tomarse el curso en serio. El día de fin de curso, en la despedida, los dejó tirados, y no acudió. Al contrario que de mis compañeros, de quienes decía “Mis niños son los mejores ¡Pero los mejores!”. Seguro que nos echó de menos. 
 
Tras ese curso, vino otro de automatismo industrial ¡Vaya muermo! Todo un ejemplo de desastre y mala organización. Eramos dos clases, todos mayores de 25 años. En una, los que teníamos estudios como graduado escolar, y fp; y en la otra los universitarios, y avanzados. Teníamos 4 asignaturas. Al principio, uno de los profesores, dio la clase correctamente. Hasta que a partir de un día, empezó a venir con mala cara, a sentarse, y quedarse mucho tiempo callado, sin decidirse a dar la lección. Por ello, perdimos el ritmo. Uno de mis compañeros, dijo en tono de broma:
 
“Parece que el profesor, tiene ¡Muuuuuuuchos problemas!”, al tiempo que imitaba el mugido de un toro, tal vez pensando que el profesor estaba triste por algún motivo sentimental.
 
Otro de los problemas, era la falta de medios. Con frecuencia, cuando pedíamos el video para ver algún reportaje, resultaba que les hacía falta a otra clase, sobre todo a la de inglés, que estaba al lado. Con frecuencia oíamos, disparos y gritos en español, dando las típicas órdenes de una película de guerra: “¡Fuego! ¡Dispara! ¡Cúbreme!” ¿Para eso querían los alumnos de inglés el vídeo? Parece que “Barbie”, la profesora, o pasaba de todo, o no se daba a respetar lo suficiente. Recuerdo que nos irritábamos mucho, al escucharlos. Si al menos, hablaran en inglés....
 
Otra de las asignaturas a dar, era “control numérico”, o tal vez debía llamarse, “descontrol numérico”, ya que no encontraban profesor para dárnosla. Cuando por fin lo encontraron, casi a mitad del curso, se fue al 2º día, y tardaron en encontrar otro.
 
Cuando apareció, demostró pasar de nosotros. Control numérico, era una asignatura de simulación informática. Nos dieron un ordenador por cada dos personas. Eran obsoletos, incluso para 1.989 -1.990. Funcionaba con discos grandes de 5 ¼ , y se bloqueaban con frecuencia. No he dicho, que en la clase, éramos 12 hombres, y 3 mujeres. Bueno, pués el buen señor, se pasó la mayor parte del curso, “ayudando” a dos de las chavalas, dándonos largas a los demás, cuando lo llamábamos. Unas veces, nos decía que reiniciáramos, y otras se hacía el sordo directamente. Estábamos mejor solos.
 
Electricidad era otra asignatura. Su profesor, Rafael, no debía estar muy bueno de la cabeza, ya que nada más empezar el curso, nos soltó un acalorado discurso, criticando a los “mercenarios”, que no venían a aprender, sino a quedarse con el dinero. Alguien, debió de informar a ese imbécil, que aunque nuestros estudios, no fueran muy avanzados, no por ello, éramos alumnos de 12 ó 13 años; también veníamos a aprender, y estaba fuera de lugar mandarnos a callar, a gritos, cuando nos veía charlar. Tampoco era lógico ni comprensible, gritarnos cuando por error, alguien le hablaba de usted.
 
“¡A mí no me hables de usted!” Nos decía una y otra vez, con ira.
 
Para agravar el asunto, alguna que otra vez, que no teníamos “descontrol numérico” ;) le pedíamos que nos diera clase, con los “universitarios”, para poder salir antes. Algo cortado, nos dejaba entrar, y veíamos con sorpresa, la gran confianza y amabilidad, con que los trataba. Un trato muy distinto del que nos daba a nosotros. Era evidente, para él, que a menor graduación, menos ganas de aprender teníamos. Un concepto, totalmente erróneo.
 
Semejante comportamiento, causó, que le miráramos con asco, e incluso le dijéramos palabras de doble sentido, cuando nos preguntaba algo. Eso lo deprimió, y cuando una de las chavalas, lo notó triste, le dijo:
 
“Sé que en ésta clase me odian.”
 
No es que lo odiáramos, es que quién siembra vientos, recoge tempestades. Para rematar, el día del examen final, lo hicimos junto a los “universitarios”. Al ver que algunas de las preguntas, eran cosas que no habíamos dado, protestamos. Se disculpó, y nos dio otro.
 
“¡Ah sí, perdonad! Es que hay cosas que ellos han dado, y vosotros no ¡Perdonad! ¿Eh?”
 
Es decir, que nos estaba llamando “burros, e ignorantes”. Sus palabras, causaron malestar entre nosotros.
 
El profesor de la 4ª asignatura, neumática, era civilizado. No tuvimos problemas con él, excepto algunas veces, que se ponía muy pesado insistiéndonos en que copiáramos un esquema.  Por ese motivo, comentábamos, que era un tirano. Yo no opinaba igual. Era evidente, que estábamos muy crispados, por culpa de los otros profesores.
 
Cada vez que pienso en ese curso, me pregunto por quién nos habían tomado los profesores ¿Tanta cara de chusma teníamos? Bueno, algunos sí, pero eran buena gente. Pero eso no justificaba en absoluto, la forma de tratarnos. No he dicho, que a la hora de cobrar, tardaban casi siempre en pagarnos, al menos 3 meses. Con el dinero de ese cursillo, me compré una videocámara. Esa fue mi única satisfacción ¡Menuda cruz de cursillo! Ni siquiera organizamos una fiesta de despedida. Fueron 6 ó 7 meses de dura prueba a nuestra paciencia.
 
El siguiente, fue de dependiente de cafetería. En ésta ocasión, iba con mi hermana, que como no sabía cuando iban a empezar las clases en la universidad, decidió hacerlo. No tardamos en descubrir, que la profesora, tenía también manía persecutoria, como Rafael. Esta era feminista. Pero una cosa, es ser feminista, y otra ser gilipollas, y buscar enemigos, donde no los hay. Eramos 4 hombres, y 11 mujeres, pero a esa feminista de pacotilla, debió parecerle poco, y no perdía ocasión de bombardearnos. Era sorprendente ver como con toda tu buena voluntad, y recorriendo cerca de 40 kilómetros para aprender, te encontrabas con algo tan fuera de lugar, como una mujer, con mirada seria, hacia los hombres, se ponía a soltar discursos tales como:
 
“Estos son otros tiempos. Por fortuna las mujeres...¡Tenemos nuestros derechos!....¡Los hombres ya no nos mandan!” ¿Para eso vine yo? ¿No era ese un curso de dependiente de cafetería? ¿Le he hecho algún daño a esa señora o a alguna chavala del cursillo?
 
 A mi hermana, semejante tipo de cosas, no le gustaban, y en las prácticas, las cosas no se hacían como era debido. La profesora, al verla con mala cara, le preguntó qué era lo que le pasaba.
 
Así que mi hermanita, abrió fuego a discreción, y no se mordió la lengua. Notaba que algunas alumnas, no hacían mucho, y eso del favoritismo, no era algo que le gustara. La profesora, admitió lo del favoritismo, y dijo que eso era muy normal en todas partes. Pese a todo fue más prudente.....Hasta que empezaron los cursos en la universidad, y mi hermana se tuvo que ir.
 
En la otra clase, de menores de 25 años, el profesor, les hacía trabajar duro. Con frecuencia, los veíamos cargados con las bandejas llenas de vasos, andando por el patio. Nosotros, estábamos mucho más relajados, pero en mi interior, algo me decía que esos chavales estaban mejor preparados que nosotros. Creedme, no me hubiera importado cambiarme.
 
Un día, abrieron un “hipersol”. El encargado de allí, era amigo del encargado del hotel, y como le hacía falta gente, nos preguntó por los que queríamos trabajar. Si no recuerdo mal, hacían falta 6 personas, todas libres del servicio militar. Así que los chavales menores de 25, en su mayoría fueron descartados, y solo aprobaron los pocos que cumplían los requisitos mínimos. Se escogieron a 3 de cada clase. Como quiera que los exámenes de prueba, no fueron muy brillantes, el encargado escogió a una chavala divorciada, que no tenía mucho dinero para vivir, a otra que lo había hecho más o menos bien, y a otro que aunque no lo había hecho muy bien, al menos se le notó decidido.
 
Este fue el único de los cursillos hechos por mí hasta el momento, del que algunos salían con trabajo .
 
Eso enfureció a nuestra entrometida profesora. Según ella, el trabajo debía darse a los alumnos que ella, creía conveniente. Igualmente, se enfadó por el profesor de los menores, ya que había llamado la atención de una de sus alumnas, por llevar un botón desabrochado. Pero según nuestra profesora, la había puesto, poco menos que de prostituta....Cosas de ella. La alumna, por el contrario, se llevaba muy bien con el profe. Es más; cuando faltaba poco para terminar el curso, éste nos invitó a mayores y menores, a comer en el self-service, donde trabajaba de encargado. La chica cogió de postre, un flan, pero al mirar atrás, y ver que yo tenía un tocino de cielo, se le antojó, y muy sonriente, cogió otro para ella....sin soltar el flan, y pese a las protestas del profe, que no tuvo más remedio que dejárselo pasar.
 
Tras ese curso, vino otro de autómatas programables. Este era más corto que el de automatismo industrial, pero algo menos pesado. Sus profesores, nos hicieron un examen nada más entrar, para ver nuestro nivel cultural. No debió de convencerles mucho, ya que se dejaban ir con frecuencia, y no pocas veces, les oíamos protestar entre ellos, ya que venían de otro pueblo, para darnos clase, y no les gustaba estar por carretera. Este fue el último curso que hice cobrando dinero. Tras enseñarnos lo fundamental de la electricidad, se “perdieron”. Al principio venían 4. Luego empezaron a venir solo dos. Al parecer los “compadres”, se pusieron de acuerdo, para trabajar lo más descansadamente posible, y esforzarse al mínimo. Ellos, también se hacían los sordos algunas veces, cuando los llamábamos.
 
El de frigorista industrial, fue el siguiente. Su duración, fue de 5 ó 6 meses, aproximadamente. El profesor, se quedó asombrado al ver el trabajo que nos costaba enterarnos de las cosas. Pero como no cobrábamos nada, y estábamos por nuestra propia voluntad, se esmeró. Y es que, aquellas personas, que no están acostumbradas a estudiar, y un día se meten en cursillos, es aconsejable que lean mucho, y hagan crucigramas, para agilizar el cerebro.
 
Fue un cursillo muy curioso, ya que teníamos mucha libertad, pero no por ello, dejábamos de tener voluntad de aprender. El profesor, nos decía más o menos:
 
-“Señores, vamos a descansar un rato. Son las once de la mañana....procurad estar aquí a las doce y media aproximadamente.”
 
Recuerdo que el profesor, dijo que el cursillo, lo habían puesto muy largo, y que con tres meses, era suficiente. En realidad, el mecanismo de refrigeración, no era muy complicado, aunque debo admitir, que los problemas y fórmulas, eran difíciles de entender. Menos mal, que fue breve, y la mayor parte del tiempo, estuvimos en el taller, colocando tubos de cobre, y soldando con el soplete. Hubo incluso uno, que se trajo una fuente de agua refrigerada, en una furgoneta. La arreglamos, y volvió a funcionar.
 
En la clase, había una chica, que presumía de haber hecho muchos cursillos, y de ser la única mujer en éstos, lo cual la llenaba de orgullo. Pero decía sentirse rara, cuando había otra mujer en la misma clase.
 
Otro curso, hecho ocho o nueve años después, fue uno muy breve sobre la comunidad europea. Solo fueron 5 días. No tuvimos ocasión de conocernos. El profesor, estaba algo perdido sobre la materia. Se trajo una cinta de vídeo errónea. Nos pidió que un día no viniéramos, porque debía dar clase a sordomudos, que finalmente resultó que tenían que venir, casi una semana después. Fue un curso muy breve, pero lleno de despistes. Debió haber durado más. Muchas cosas, se quedaron en el tintero.
 
A ver si éste se convierte en el curso nº 2, en el que la gente sale trabajando....entre ellos yo. Estoy algo cortado, porque soy el más vejete de la clase, aunque no debería, ya que he tenido por compañeros, a personas mucho más viejas que yo. Espero también que los profesores, sean enrollados, y no sean tan gilipollas como Rosa o Rafael. Tiempo al tiempo.
 
 
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2 comentarios

monocamy -

Pues yo pocos cursillos he hecho, pero los que hayan sido los recuerdo muy alegres, tal vez porque al asistir a un cursillo me salía de la rutina e iba con el ánimo dispuesto :P

Bueno, no. Todos no. Recuerdo dos cursos de informática, concretamente Lotus 1-2-3. Infumables, tanto el primero como el segundo.

Recuerdo que en esos de Lotus, como no me importaba para nada el tema (pero eran obligatorios) me dediqué a aprovechar los momentos de asueto para dejar mensajitos en el ordenador que usaba una chica que me gustó. Y al final nunca supo quién se los dejaba...

Me olvidé de decírselo :PPP (y ya, con el tiempo, aunque trabajaba en el mismo edificio y me la encontraba, no era momento...).

Un saludo y suerte :D

Una mirada... -

Tienes un bagaje cursillista que para sí lo querrían muchas personas.
Ánimo y adelante.

Saludos.
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