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La casa de las chapuzas

La tapia

La tapia La tapia

Con cierta frecuencia, paso cerca de allí. Ha cambiado mucho. No he sabido si el nombre de “La tapia”, se debía a esa pequeña tapia, que separaba ese tranquilo patinillo, de la vía del tren, y que saltábamos con facilidad, o a la gran pared, sobre la que nos dejábamos caer, y que de vez en cuando “decorábamos”, de manera poco artísticamente. Allí, hablábamos de nuestras cosas, y nos tomábamos unas cervecitas. Algunos, fumaban porros.

Eran entonces, a finales de los años 70, y principios de los 80. Nos hacíamos llamar “La Panda”. Unas veces, éramos unos, otras, otros, pero esa tapia, era nuestro punto de reunión. Está situada, en la Avenida de la Segunda Aguada. Actualmente, ya no está esa tapia que la separaba de la vía del tren. Las obras del soterramiento, derribaron la pequeño tapia. La pared, en la que como trogloditas de entre 15 y 20 años, decorábamos groseramente, ahora está pintada, y sus dos accesos, cerrados. Ni siquiera, podemos entrar a recordar los viejos tiempos, salvo asomándonos desde fuera. Esas medidas, debieron tomarla antes, o nunca. Pero no, cuando el tiempo pasa, y las personas, tenemos necesidad de mirar de vez en cuando, hacia atrás.

Como es natural, siempre hay un patoso, o más de uno en las pandillas, y eso provocaba la salida definitiva, o temporal de alguno de sus miembros. Ya sea, porque el patoso, lo es en demasía, o porque los demás, no te apoyan. Eso no evitaba, que aunque los perdiera de vista, no dejara de considerar la tapia, como algo mío.

Hace algo más de una semana, me encontré con uno del grupo. Le dio alegría verme. Estuvimos hablando de los viejos tiempos. Le pregunté por su primo, que también fue de “La Panda”.

-Supongo, que tu primo, le sonará a chino la palabra “Pachuli” (así era como lo llamábamos, por su afición a echarse ese tipo de perfume).
-¡Huy que va! A el le gusta mucho recordar los viejos tiempos. Sobre todo desde que se separó de su mujer.

Me quedé de piedra. Su esposa, era una de las chavalas, que paraban con nosotros. Y quién lo diría; después de tanto tiempo, se han separado.

-¡Pués sí que es una pena!
-Sí, pero se ha buscado otra. A mí me falta un cuarto de hora para separarme también. Exclamó.

Me puse a pensar, y los resultados no son muy halagüeños. De los miembros del grupo que me acordaba en ese momento, la situación, bien podría ser ésta:

Tres solteros (entre ellos yo). Dos separados, y rehaciendo su vida con otra, uno desconocido (sé que tiene un hijo, pero no sé como le va con su mujer), uno casado, al que le ha faltado muy poco para separarse. Otro separado, y con problemas de drogas, otro a punto de separarse, y otro casado.

He contado diez, pero puede que me olvide de alguno. De todas formas, ahí están las cifras, y el panorama no es muy alentador. Tanto lamentar el celibato, y resultará, que estar soltero, es todo un lujo. Como quiera, que me he quedado sin mi muro de las lamentaciones, he decidido que mi blog, es el lugar ideal para contar ésta historia ¿No creéis?
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1 comentario

Trini -

Pues sí en parte para eso están las Blog para lamentarse con bellas palabras. No hace falta ser Neruda, claro un "Neruda" no necesitaría Blog.

La vida da muchas vueltas Antonio, quizá en su momento tú los "envidiaste" a ellos y ellos et "envidiaron a ti" es ley de vida, nadie está totalmente feliz con lo que tiene.

Un abrazo
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