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La casa de las chapuzas

Pompas de jabón (ARTICULO)

Pompas de jabón (ARTICULO) Hoy al ver a mi sobrino haciendo pompas de jabón, me acordé de cuando yo era pequeño y también las hacía. En aquellos lejanos días, tan llenos de recuerdos, me pasaba tardes enteras haciendo pompas. Era el aeromodelismo de los que no teníamos aviones de madera para volar. Yo vivía en un tercer y último piso. Subido en un banco, y en la ventana de la cocina, me ponía a soplar y soplar para hacer esas burbujas de jabón que tanto me gustaban. Recuerdo que a veces salían muy mal, y se desintegraban a los pocos segundos de salir. Nunca supe si era por la cantidad de agua y jabón o por mi forma de soplar. Y no las lanzaba al azar. Siempre me esforzaba en que la pompa llegara lo más lejos posible. A veces el viento se la llevaba a mi azotea, o sea encima de mí. Entonces yo era felíz. Mi pompa había cumplido con su objetivo. Otras veces, la llevaba durante un rato lejos de mi vista, y también me gustaba. Eso era para mí como un imaginario barco que llevaba a sus pasajeros a un felíz destino. También recuerdo que en los tubos de bolígrafo que usaba para soplar, a veces metía en la punta un delgado tubo de esas cañas con las que se beben los zumos. Entonces, salían las pompas de dos en dos, y pegadas unas a otras. Eran las que más me gustaban, y si llegaban enteras a mi azotea mejor que mejor. Lo malo es que eran las que más me explotaban, y era muy frecuente acabar con mal sabor de boca y el pecho mojado de tanto arrimarme a la ventana. Qué duda cabe de que a un niño siempre se le derrama el jabonoso líquido que es nave y combustible a la vez de esas naves flotadoras, y a veces multicolor. Esas eran para mí las más resistentes y mejores, y su variado colorido me recordaban al planeta Júpiter. No pocas veces, se me caía el preciado líquido hacedor de naves abajo en la ropa tendida de los vecinos. Sin embargo no le daba importancia. Al cabo de un rato se secaba y no lo notaban, además el jabón no ensucia, sino limpia. El vaso nunca se me cayó. Había numerosas macetas delante de mí, y ponía mi vaso entre ellas, que tampoco besaron el suelo por culpa de algún descuido mío, ya que delante tenían una lámina de hierro para aguantarlas.

Ahora llevo cerca de cinco años viviendo en otra casa. El paisaje que se ve es de lo más extenso, pero la azotea está 4 pisos más arriba. Llego al balcón sin ninguna dificultad, pero no puedo poner el vaso en la ventana. Se me caería al mínimo movimiento, y más abajo no hay ropa tendida, hay un bar en el que la gente se sienta fuera aprovechando el buen tiempo. Y como caiga un poco jabón en la comida, me voy a enterar. Además ¿Y si me viene alguno quejándose qué le digo? Le diré que esa pompa era mi imaginaria nave que partía hacia un mundo felíz que ha sufrido un accidente en la superficie de su plato. Lo malo es que el poco imaginativo parroquiano del bar, me ponga el plato de sombrero, como muestra de su poco aprecio por la navegación imaginativo-espacial. Y a todo ello añadirá:

"¿No es usted demasiado viejo para hacer pompas de jabón?".
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2 comentarios

Creative Recreation -

You introduction is detail, thank you so significantly information, but why do not you deliver some reference photographs?

Trini -

Hola, si que me he reido recordando al leerte lo de las pompas de jabón, dime no has llegado a tragarte un buen buche de lavavajillas, jajajajja, yo sí en mi afán de encontrar el punto idonéo para las mejores pompas. En fin que tiempos aquellos verdad??
Un saludo Regina4R
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